La multiplicidad de sentidos que disemina una obra nunca puede agotarse en una primera lectura. El dramaturgo franco-uruguayo Sergio Blanco, una especie de Quijote de la autoficción del teatro contemporáneo, politiza lo íntimo desde una necesidad de alteridad en Tebas Land –publicada por la editorial cordobesa Ediciones DocumentA/Escénicas–, un texto que se despliega a la manera de un gran dispositivo narrativo-escénico para indagar en la compleja cuestión del parricidio. El personaje S es un dramaturgo que quiere escribir una obra sobre Martín, un joven que mató a su padre de veintiún golpes de tenedor. A los encuentros en la cancha de básquet de la cárcel –y las dificultades para lograr que el propio recluso pueda participar en la representación– se suceden los diálogos entre S y Federico, el actor que interpretará al parricida. “El padre era una bestia. Un monstruo. Le pegaba todo el tiempo. Lo torturaba. Incluso en público. Lo humillaba permanentemente. Le deshizo la vida. A él y creo que también a su madre. Es como lógico que un día lo haya eliminado. Que un día haya puesto un freno a toda esa especie de calvario”, plantea S en un momento de esta obra que se acaba de estrenar, dirigida por Corina Fiorillo y con actuaciones de Gerardo Otero y Lautaro Perotti, en Timbre 4.